• ¿Qué nos pasa?

La pareja es un sistema vivo que está permanentemente sometido a cambios, no sólo va incorporando los propios movimientos de cada uno de los miembros sino que a su vez experimenta ciclos que alteran por sí mismos el funcionamiento de la pareja.

Después de pasar las primeras etapas de enamoramiento y consolidación de la pareja, en el mejor de los casos sin grandes complicaciones, es posible que emerjan situaciones conflicto que cambien las dinámicas relacionales que se venían dando, dando paso consecuentemente a procesos dolorosos cargados de decepciones y distanciamiento afectivo.

A lo largo de las primeras crisis suelen encontrarse buenas herramientas para recolocar al sistema en una nueva posición desde la que continuar, pasando entonces por momentos de “luna de miel” que permiten de nuevo el acercamiento afectivo.
Sin embargo, con el paso del tiempo y la vivencia de desencuentros clave es fácil que aparezcan disfuncionalidades frente a las cuales ya no sea suficiente con el afecto y el amor romántico para volver a encontrar un nuevo lugar desde el que continuar.

Y es entonces donde aparecen los síntomas de una pareja disfuncional, a saber: “ya no somos capaces de sentarnos a hablar sin discutir”, “apenas tenemos relaciones sexuales y cuando las hay siempre tengo que iniciarlas yo”, “casi todo es motivo de conflicto y de discusión, parece que estemos a la defensiva a cada rato”, “empiezo a plantearme si es esto lo que quiero para mí, si aún nos queremos o solamente es costumbre”, “no consigo pasar página ni perdonar algunas cosas y he perdido la confianza a un nivel muy profundo”, “no somos felices, si no es uno es otro, pero siempre andamos un poco tristes, irritables, amargados”, “me ha decepcionado muchísimo, jamás pensé que podría hacerme esto, no puedo continuar pero me pide que lo intentemos con ayuda”.

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